Bastenier

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Son éstos tiempos difíciles para nuestro oficio. En México —aunque quizá en el resto del mundo pasa lo mismo— mucha gente ha abandonado la lectura que hace reflexionar para correr a abrazar la ocurrencia que refuerza el prejuicio.

El dato exacto ya no les interesa por su valor intrínseco, sino por la manera en que sirve como pieza de una visión del mundo adoptada a priori. Y si no, basta ver la reacción a la cobertura informativa de las elecciones del próximo 4 de junio, antesala de la contienda presidencial de 2018.

Uno puede afirmar, sin temor a equivocarse, que en todos los partidos políticos de México hay pillos (aunque eso no signifique que todo militante de un partido lo sea). Pues bien, cuando la publicación de un hecho de corrupción afecta a un partido, los rivales y sus simpatizantes alaban la cobertura; pero cuando afecta al partido de sus amores, lo ponen como prueba de la degradación del periodismo.

En nuestro mismo oficio ha aparecido la plaga del periodismo militante: aquel que relativiza, en el mejor de los casos, los pecados de un partido y sobredimensiona los de los demás. Todo, bajo la consigna de que el periodista debe ayudar a inclinar la barca de las preferencias ideológicas en un sentido.

Por eso es de lamentarse cuando desaparecen los sólidos referentes de los principios periodísticos.

Fallecido el viernes pasado, Miguel Ángel Bastenier era uno de ellos. “Querer a Bastenier es querer al oficio”, escribió Juan Cruz en El País, el sábado pasado. Y sí. Aunque tuve pocas oportunidades de conversar con él —la última de ellas fue en Santiago de Compostela, en enero de 2009—, sus artículos en ese diario español y sus tuits fueron para mí no sólo una forma de acercarme a los grandes acontecimientos internacionales, que Miguel Ángel dominó informativamente como pocos de su generación, sino también una manera de reforzar mi fe en el periodismo que se hace por la pura gana de saber y dar a conocer cosas que son de interés público.
Quienes lo conocimos debemos recordar a Miguel Ángel Bastenier (Barcelona, 1940) como una enciclopedia andante, hombre obsesionado por la exactitud del dato y el verbo. Era extraordinariamente generoso para transmitir su conocimiento, aunque al mismo tiempo fuese vanidoso y pedante. En buen español mexicano diríamos que el colega era muy mamón.

Yo nunca tomé clases con él, pero varios de sus exalumnos me lo han descrito exactamente así.

Miguel Ángel era un purista del uso del idioma, cosa que siempre le agradecí. Era importante que lo fuera en estos tiempos en que las tradiciones viven bajo el asedio del inmediatismo.

Alguien debería hacer un libro de periodismo que se ciña a reproducir las perlas de sabiduría que este hombre tuiteaba con mucha frecuencia. El que no tuviese millones de seguidores en esa red social (su cuenta tenía menos de 172 mil a la hora de escribir estas líneas) era prueba de que no le entraba a la hechura o la reproducción del meme, el género rey de la ocurrencia, la risa grabada y la crítica simplona.

En lo que me queda de espacio reproduciré algunos de sus tuits sobre el oficio y otras cosas.

Quien se matricula en periodismo a ver de qué va, mejor que se quede en casa.

El periodismo es el reino de la percepción subjetiva y no hay dos historias idénticas.

Leer periódicos de joven es una educación y visión del mundo.

Una gran práctica es leer reportajes en voz alta. Lo que suena bien, bien está.

En las redes se presenta casi todo como información. Beware!

Los periódicos deben reflejar la violencia de la sociedad, pero sin estimularla.

Para dar una entrevista de dos páginas, la justificación debe ser igual de grande.

Huir cuando avistemos un texto titulado “Crónica de… anunciada”.

Y no se dejan de publicar declaraciones, aunque carezcan de interés.

El mérito no es carecer de voz, sino que esa voz merezca ser oída.

Damos holgura de espacio a personajes que no tienen nada que decir.

Uno puede aborrecer al gobierno y no querer ver a la oposición en su lugar.

Twitter es un gran fabricante de estereotipos. Si apoyas a A es por ir contra B.

Gracias, Bastenier, por recordarnos en qué consiste el periodismo. Descansa en paz.

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